He llegado a un punto en que escribir, me libera.
Siento que hace años todo era más fácil y sin embargo, me siento igual.
Rodeado de gente y con la sensación de estar solo.
Todo va a peor.
Hemos perdido la comunicación.
Lo bonito de pararse dos minutos y leer.
Me siento estancado en un mundo que no para de evolucionar,
pero sigo viendo como cambia todo. Menuda ironía...
Como la vida.
Escribo por si me vuelvo a perder.
Recuerdo que te tengo a ti y entonces pienso.
Las cosas que podría contarte y soy incapaz de hacerlo.
Algo me para, me asfixia y me va matando poco a poco. Como si cada vez que intento liberar mi alma, mis emociones, mi yo; una ráfaga de aire volviese a golpearme sin dejar hueco para respirar.
Pero a mis manos nadie las para.
Ni si quiera los golpes que me he llevado.
Ellas siempre vuelven.
Frías, pero vuelven.
No lo notas?
Es lo único que queda de mi.
Nadie, nadie puede robarme la libertad que siento cuando escribo.
Pues sólo lo hago para mi.
Nadie puede destruir ni borrar.
Nadie puede decirme que no.
Nadie me juzga.
Aquí,
aquí soy libre.